2017 10 22 TRAMOYA 12modify2


“GUANCHITO Y LA LEYENDA DE GUAYOTA


Tipo: Teatro Tipo de sitio: Teatro o auditorio Duración: 45minutos
Formato: Pequeño Público: Familiar Idioma: Español
Actores: Pablo Izquierdo Acosta Alicia Rodriguez Peraza Dario Cardona Nicholls Autor: Maria Caviedes Rodriguez Director: Dario Cardona Nicholls

Sinopsis

La obra es la recreación de un mito guanche. Pretendemos con ella iniciar un ciclo dedicado a divulgar de forma divertida y con un lenguaje asequible al niño, leyendas y mitos de nuestro patrimonio cultural. La historia de las Islas Canarias es muy rica, y sus mitos muy variados y universales; sin embargo, nuestros niños no saben que unas manzanas de oro puro custodiadas por dragones se esconden en algún lugar de estas afortunadas, o que en el “pan de azúcar” se encuentran apresadas las furias del malvado Guayota, incluso muchas niñas que se llaman Dácil, no saben que su nombre significa “es día” o “luz” o “planta del pie”, dependiendo de la zona. Hemos escogido para nuestro primer trabajo de una serie de tres recreaciones de leyendas, la de Guayota dada la importancia que tiene el Teide para nuestras siete islas. Las crónicas recogen que la sociedad Guanche era tribal, en cada Isla existían varias tribus, con su estructura social de menceyatos o reinados. Cada uno de estos nos ha legado sus propios mitos, tan variados y localistas que no hay uno común a todas las islas. El Teide es el símbolo de la comunidad canaria, este volcán era adorado por los guanches como la puerta de entrada al infierno. Los guanches denominaban al Teide como cheyda, echeyde, echedey. Justamente por este factor es que nos hemos decidido por la leyenda del Guayota, ya que tiene factores generales que son comunes a todas las islas. Esta leyenda nos habla de la última erupción del Teide, que fue visible desde todas las islas, y en todas se sintieron sus estragos. Es comprensible que el pensamiento mágico de nuestros aborígenes al no ver al sol producto de la espesa nube de ceniza que cubría los cielos, pensaran que se lo habían robado, e hicieran, lo único que podían hacer, invocar al creador, Achamán. y al observar la boca del volcán echando llamaradas de fuego, supusieran que dentro se estaba librando una batalla de la que saldría vencedor el todopoderoso Achamán, quien les devolvería el sol y castigaría al maligno encerrándolo para siempre dentro de la montaña.

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