Sinopsis
Bajo el título de Arahal subyace una categoría poética. Evoca un lugar para reposar, pero también para recordar, respirar y atravesar lo esencial. La escena y el espacio sonoro construyen juntos ese “lugar” en capas sucesivas: piedra, madera, semilla y metal se vuelven materia sonora, mientras la voz —individual y colectiva— actúa como vehículo de la memoria.
Desde un punto de vista académico, la obra puede leerse como un dispositivo de mediación entre tradición y contemporaneidad: Pieles no reproduce repertorios folclóricos; los habita, los somete a un trabajo de reescritura tímbrica,
rítmica y escénica que desplaza la nostalgia para situar el foco en la pertenencia. El resultado es una estética del arraigo en movimiento: nada queda fijado como pieza de museo, todo está en proceso, en tránsito, en diálogo.